Cultura como expresión del arte en boga

How France's Women Changed History Through the Salon | by E. Black | Unruly  Women | Medium



Corre el año 1648 bisiesto, Cromwell dios en Inglaterra, se pacta la paz de Westfalia. El cardenal Mazarino ordena el arresto de los miembros de la Fronda Parlamentaria, lo que provoca una insurrección en París. Reunión de artistas y cortesanos en la amplia sala aledaña la Academie royal de peinture et de sculpture: Charles le Brun (pintor de la corte), Martin Charmois (pintor), Louis le Vau (decorador), Pierre Corneille (dramaturgo reconocido) Nicholas Fouquet (Marqués de Belle Î’le y vizconde de Melun et Vaux), François Couperin (compositor en auge) y alguien enmascarado (llamado “el chef”). 

Le Vau: Para que el hombre pueda apreciar o producir una buena pintura es menester primero que sea cultivado.

Charmois, desdén en la mirada: Y que esté libre de preocupaciones (concluye, sorbo de Rossolis)

Le Brun , desdeñoso: ¿Puede lo brutal ser contemplativo?

Le Vau: Por momentos… justo así era el hombre de la Francia feudal.

Fouquet: Antecesores galos. Los romanos al hablar de ellos decían: “luchan con valentía y hablan con agudez.

(Aplausos desganados) 

Le Brun: La fatal influencia la germana, ¡horror! 

Le Vau: En Italia, otra historia. Toma un facchino callejero, y discute y razona.

Le Brun, pipa en mano: O Dio, com’e bello! Díjome un jovenzuelo buscón mirando un dibujo mío, casi un garabato al pie del Panteón (carcajada impostada)

Corneille (alisándose la camisa): El clima contribuye a los hábitos. Bajo la bruma del Norte nadie puede vivir a escudilla de sopas, o un pedazo de pan untado de ajo o un plato escaso de macarrones.

Fouquet: Por la misma razón, los germanos son aficionados a las bebidas fuertes.  Ludovico Guicciardini, testigo ocular en el siglo XVI, dice, hablando de los belgas y holandeses: “Casi todos son inclinados a la borrachera”.

Corneille (travieso): Ja, ja, ja, ¿y el francés? Juerguista, bullanguero, malicioso, quiere divertirse y divertir a los demás.

Charmois: … a veces demasiado, aunque sabe dirigirse a las mujeres

Le Vau: Le gusta brillar; ama el peligro por bravata y por verdadera valentía raza

Charmois: Ah, las canciones de gesta y los fabliaux, la Novela de la rosa, Carlos de Orleáns, Joinville y Froissart os lo presentan tal y como le veréis más tarde en Villon, Brantome y Rebelais

Le Vau (estornudo y moquillo en pañuelo): Los lombardos supieron adaptarse a la delicadeza romana, ¿no?

¿Qué le debemos a los lombardos?

Nada como Sant’ Eustorgio. 

Mediolanum.

El enmascarado: El ossobucco, ¡gran descubrimiento! 

Corneille: Más modesta… la polenta, plato favorito de Massimo, mi cocinero italiano.

(Risas)

(Alguien) ¿No se habló latín en Italia hasta el siglo XIII? San Antonio de Padua predicaba en la lengua de Virgilio.

Charmois: Le Vau, tú que adoras a los normandos. ¿Qué dices?

Le Vau: ¡El siglo XIII es de la iglesia normanda! 

Explícate. 

Charmois: Imaginen un templo dórico como El Partenón, noten la función de la hilera de columnas que sostienen el peso del techo horizontal. En el interior de una catedral gótica el complejo juego de fuerzas que sostiene la elevada boveda. Allí no existen muros compactos ni macizos pilares en parte alguna.

Le Brun: Oh ese siglo XV. ¿A qué vamos?

Fouquet: Yo veo horrores.

Charmois: Pourquoi ?

Le Brun: En Alemania, la horrenda guerra de los husitas, el emperador sin autoridad. Hombres brutos e insolentes… hasta la época de Maximiliano.

Couperin: Hablas de “corazón de acero”.

(Miradas de estupor)

Couperin de novo: Así le apodó el historiador Olivier de la Marche.

Fouquet (índice de César): Es por esa época que fuimos conquistados y devastados por los ingleses.

El enmascarado: ¡Qué país pedestre!

Couperin: Inglaterra apenas tuvo música en el renacimiento. Ferrabosco y Lupo eran italianos.

Le Brun: Castiglione escribía hacia 1525: “Los franceses no no conocen otro mérito que el de las armas” (risillas)

Fouquet: Hacíamos la guerra honorablemente, de las manos mercenarias de los condottieri. 

Alguien interrumpiendo: ¡y éstos cautos comerciantes, la reducían a cabalgatas!

(Risa generalizada) 

Charmois: Queridos, ¿no aprendemos de Richeliu que la diplomacia siempre sustituye la fuerza?

Couperin: ¿Qué decía Pluto en el Orfeo de Luigi Rossi? (refiérese a la ópera estrenada en el Teatro Palais Royal el año anterior)

Fouquet (Manos arriba, altisonante): ¡Oh muerte, haz mi vida más plácida! 

Le Brun (proyectando voz de barítono): Creo que vivimos el mejor momento de la historia.

Fouquet: ¿Como puedes estar tan seguro? No lo sé.

(Aplausos)

Le Brun: ¡La paz de Westfalia es un hecho! Propongo un brindis.  

¡Por la paz! (exclama Le Brun altisonante)

¡Por la paz! (tutti operático)   

Recordemos las palabras del papa Gregorio: “La pintura es para los iletrados lo mismo que la escritura para los que saben leer”.

(Continuará)

 

 

 

 

 

 

 
 
 
 
 
 

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